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LARGO VIAJE

El Orfanato de los Símbolos

martes, 25 de junio de 2013

4 de julio de 1981 -II-








4 de julio de 1981










II





      Unas veces convengo que se trata de una escritura, que únicamente así podré abordar su plenitud y su intensidad, puesto que ya he entendido que vivirá siempre conmigo; después hay otras que me parece inevitable el encuentro más alejado posible de las metáforas, se me hace paja en tales ocasiones deletrear, por mejor que lo hiciera, los mundos inagotables que se despertarán al volver, justo, la esquina aquella del atrio: ¿qué haría allí?, ¿a quién podría llamar?

¿Sería con palabras, también entonces, como intentaría darme a reconocer, hasta que se agolpasen en la garganta mostrándome que no estuvimos? Creo que no hay otra forma más que una inversión sin garantías, este duelo perpetuo entre tocar y perder todo de nuevo, y que lo único que puedo hacer es facilitar que se exprese.














viernes, 21 de junio de 2013


4 de julio de 1981 -I-








4 de julio de 1981







"[...] Es como si me hubiera dicho: «Tome a la izquierda, después a la derecha, y tocará lo intangible, llegará a las inaccesibles lejanías de las que, en la tierra, no se conoce nunca más que la dirección, que el “hacia”» [...]"

Marcel Proust, “En busca del tiempo perdido” (7-"El tiempo recobrado")


I





      ¡Ojalá me hubiese dado cuenta entonces de que podía, yo misma, haber comprado la casa! Y no tendría que pensar en volver, este mismo verano, como una visitante, de modo que, a cada paso que diera, se me echarían encima las preguntas que, aún sin respuesta, no harían sino alejarme más.

 Ya el viento del desconocimiento me había empezado a llevar, sin que mediase entre él y yo alguna clase de perspectiva. Por eso fue que nos metimos en la cama, quizás para descansar, o puede que, simplemente, a merced de la inercia, completamente entregada en cuerpo y mente a aquel estúpido juego de dejarme asustar por las insinuaciones de que se oían crujidos en la madera del techo. Nada puedo decir de lo que ocurrió fuera de aquella alcoba aquella noche; yo, dentro de la casa, me defendía del miedo impacientándome por la tardanza de ella, lo demás poco me importa. Fue lo que no pasó lo que se me ha quedado grabado con toda clase de detalles, y son éstos los que custodian aquella última noche.













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